Relatos de la CDMX: De amores fugaces en Rico Club

Relatos de la CDMX: De amores fugaces en Rico Club

Texto: Escarlet RV
Imágenes: Rafa Vazquez & Carlos Toro (Para
Rico Club)

Fotografía: Rafa Vázquez.

La Glorieta de los Insurgentes estaba a reventar esa noche de viernes. Los godínez comenzaban a salir de las oficinas, los bares se empezaban a llenar de universitarios con ganas de valer madre una noche más, y en la ciudad se extendían los dealers buscando jale. Karen salió del despacho en el Fiat 500L 2019 negro que le regaló su papá de cumpleaños; llovía, y como siempre, la Del Valle estaba hasta la madre, “igual que yo de mi ex tóxico”, dice. 

“¿Dónde estás? Ya te tardaste en salir, ¿Por qué no me contestas los whats?”, “Apenas salí y voy manejando Alejandro, no creo llegar a tu casa, hay muchísimo tráfico. Además tengo que pasar a dejar el carro y estoy muy cansada”, “Otra vez tus mamadas Karen, ya me tienes hasta la madre”, “Cálmate, ¿sí?, tuve un día muy pesado como para que me vengas con tus pinches celos sin fundamento”, respondió cansada del drama diario.

“No soy pendejo, seguro te quedaste hablando con alguno de los putos que te ven las nalgas en la oficina”, “Ahora con más razón no voy, me quedo en casa”, “Si no vienes te vas a la verga”, gritó él y su voz resonó al interior del carro. “No mames Alejandro, yo no tengo la culpa de tus traumas, estoy cansada y no voy a ir hasta el Ajusco para pelear por pendejadas”, “Vete a la verga Karen, neta”, “Cómo quieras wey, nada más no me busques el lunes”, respondió ella mientras colgaba la llamada.

Abrió Spotify, buscó su playlist favorita y subió el volumen hasta dejar de pensar en el pedo que era estar con un wey tan traumado. Media hora y apenas había llegado a Metro Chilpancingo. “Tienes una llamada entrante de Janet”, dijo el manos libres del Fiat. 

“Wey, no nos quedes mal, ven aunque sea por una chela, no seas mamona”, dijo Janet formada en la fila de Rico Club. “No sé wey, estoy cansada, tuve un día de la verga y hay un chingo de pedos en mi casa”, dijo Karen mientras recordaba que sus papás habían firmado el divorcio hace dos días. “Tiene un chingo que no nos vemos, Ka; Diana y Sandra ya vienen en camino. Además, si tuviste un día de la verga, ahorita lo componemos perreando como antes”. 

La primera vez que Karen fue a ese antro estaba hundida en la depresión. Fue un mes después de enterarse que su wey se había metido con la morra que juraba, no era más que su mejor amiga. “Diana llegó a mi casa sin preguntar y me dijo que estaba hasta la verga de verme así, que íbamos a salir, me armó un outfit de perra y me dijo que no aceptaba un no”, dice Karen mientras recuerda que esa noche terminaron en una habitación doble de $760 montadas en dos weyes que no conocían.

“No estoy segura Jan, traigo el carro y si le pasa algo mi papá me va a matar, además Alejandro me mandó a la verga y si me encuentro a alguno de sus amigos me va a armar un desmadre”, dijo Karen deseando que Janet insistiera una vez más. “Lo dejas en el estacionamiento de a lado, al mío no le ha pasado nada. Ya ven, desde que estás con ese pendejo ni nos pelas, ni que la tuviera de oro wey”, “Y Jan tenía razón, el pendejo ni cogía tan chido”, cuenta Karen. “Además, te botó a la chingada otra vez, ¿no?, eso quiere decir que estás soltera y uno nunca sabe dónde se puede encontrar el amor en la ciudad”, dijo Janet. 

Colgó la llamada, buscó una ruta en Waze y en 20 minutos ya estaba afuera de Rico Club. El mesero que pretendía a Sandra bajó por ella, le pusieron un sello fosforescente y subió a la terraza. Sus amigas la esperaban perreando, contra una reja decorada con luces de neón, mientras sujetaban con fuerza la cerveza para no tirarla. 

Fotografía: Rafa Vázquez

Se acercó a la barra, tomó un mezcal de jalón, pidió una cerveza y fue con sus amigas. “Qué bueno que viniste wey, pensé que nos ibas a plantar”, dijo Sandra sin dejar de bailar y propuso un brindis por el reencuentro. Karen dio tragos largos hasta terminarse la Indio, fue por una ronda más para todas y se puso a bailar. 

“Janet tenía una tanga con una microbolsa donde guardaba las tachas cuando nos íbamos de Rave. Esa noche solo llevaba dos, una la movió en 200 varos, entre las dos nos comimos la otra y la pasamos con la mitad de una chela. Esa etapa del 2017 fue la peor de mi vida y solo quería olvidarme de todo y todos ”.

Bailó un poco y comenzó a sudar, el efecto de la pastilla le provocó un escalofrío que le recorrió la columna y erizó cada centímetro de su cuerpo cansado, avisándole que el trip estaba por comenzar.“No está culero amiga, además está mamado, baila bien y no te quita el ojo”, dijo Sandra, alzando las cejas. “Es toda tu línea wey, unos besos nada más, igual nadie se va a acordar”, dijo Janet y Diana insistió “Sí wey, además igual te hace bien empezar a soltar al bestia de Alejandro”. 

“Me cagué de risa y las ignoré. La pastilla y la chela me hacían sentir muy divertida, con mucha energía, como si tuviera 20 años y todo me valiera verga. Lo único que quería era bailar y me dejé llevar, bailé y cuando me di cuenta, Dian y Sandy estaban medio pedas cagándose de risa”.

Fotografía: Carlos Toro

 “Janet estaba poseída por el espíritu del perreo con unos gays que se acercaron a decirnos que éramos unas mamonas -en el mejor sentido- por lo perras que nos veíamos bailando», cuenta Karen mientras recuerda la figura de un wey de más de 1.70 acercándose a ella que le provocó exitación inmediata pero discreta que logró mojarla.

De pronto, los ojos de Karen coincidieron con los de él. La tacha la hacía sentir valiente. «Voy al baño» les dijo a sus amigas y caminó frente al desconocido que no le pudo quitar la mirada de encima. Pasó por el costado de la barra y volteo a verlo, invitándolo a bajar con ella. Él la siguió. 

«Bajé por la escalera y el wey venía atrás de mí. Entré al baño y al salir me estaba esperando en el piso Hot”, él la tomó de un brazo y ella sonrió; no hubo palabras de por medio, se besaron y bailaron más de 3 canciones mientras su cuerpos se encontraban hasta que Karen corrió de vuelta con sus amigas, igual sin decir una palabra.  

“¿Dónde estabas wey?”, “Había una fila enorme en el baño”, mintió Karen mientras volteaba a ver de reojo al desconocido de 1.70. Siguió bailando y mirándolo hasta que la vibración del celular la sorprendió con 7 llamadas perdidas de Alejandro.

“Apagué el celular y seguí bailando, constantemente le coqueteaba al desconocido y me coqueteaba de vuelta. Se acercó a donde estaba con mis amigas y lo ignoré, ya sabes que me encanta darle la vuelta a los weyes que se sienten la última coca” Karen bajó de nuevo al baño sin haber invitado a nadie esta vez, pero ahí estaba él, esperándola. Se besaron de nuevo, se tocaron como si nunca hubieran tocado a otra persona y cuando el desconocido estaba más caliente, Karen huyó.

“Antes de correr, prendí el celular y se lo di para que guardara su número”. El nombre de Irám le hizo ignorar las 20 llamadas consecutivas de Alejandro que seguró ya estaría encima de la que se dejara. Regresó con sus amigas que en poco tiempo se irían, pero Karen quería seguir la noche, iban a dar las tres de la madrugada así que le mandó un mensaje al desconocido “En 20 minutos te veo afuera”, “Ok”, contestó Irám.

Fotografía: Carlos Toro

Ya me voy wey, mi papá necesita el carro”, les dijo a sus amigas apresurada para que no le dijeran nada y salió del antro. Por tercera vez ahí estaba el desconocido que la hizo mojarse mucho antes de que la tocara. Lo tomó del brazo, entraron al estacionamiento y subieron al Fiat negro que había sido testigo de muchas pasadas, pero ninguna como esa. Los besos subían de intensidad cada vez más hasta que Karen prendió el motor y arrancó el carro, hizo una parada en un Oxxo y después siguió hasta que encontró una calle cerrada. Se estacionó y se pasaron a la parte de atrás. 

“Continuamos los besos donde los habíamos dejado. Sentí sus manos por todos lados y yo no me quedé atrás, una mano la tenía ocupada y como pude, con la otra saqué la caja de Troyans de la bolsa del oxxo. Se puso el condón y cogímos como si ambos hubiéramos estado en sequía por años, cuando uno quiere, hasta el carro está cómodo”, recuerda Karen con una sonrisa en la cara. 

“Lo que sentí esa noche estuvo cabrón, nunca me había metido así con un desconocido, me prendió mucho el no conocerlo, no saber nada de él y que él no supiera nada de mí, fue casi exótico, sin conocernos dimos nuestro mejor show toda la noche pensando que quedaría ahí, me acuerdo que me cagué de risa cuando el vato del estacionamiento se acercó y nos alumbró con una lamparita; luego luego captó el pedo y se abrió”, relató. 

La luz del Sol que daba directamente al parabrisas los despertó. Eran las ocho de la mañana y Karen tenía puesta la falda pero no su ropa interior que estaba debajo del asiento del copiloto. El movimiento para encontrar el cachetero negro de encaje despertó a Irám con una erección. 

“Ya tengo que irme, te dejo en una estación del Metro cerca de tu casa”, dijo Karen poniendo en marcha el Fiat. “Sí, no te preocupes”. Avanzaron hasta San Cosme y antes de bajar, Irám la volvió a besar. “¿Te puedo marcar uno de estos días?”. Karen asintió y manejó hasta su casa sin dejar de pensar en el desconocido que a las 12 horas le marcó.

“Esa noche me reuní con Alejandro y, como siempre, me la armó de pedo por nada, digo, él no sabía que me había cogido a un desconocido por puro coraje. Su mal pedo solo hizo que recordara lo rico que la había pasado la noche anterior, lo caliente que me sentí y las pocas ganas que tenía de seguir aguantando a un pendejo que se aferraba a los 17 a pesar de tener casi 30”. Karen decidió terminar esa relación que la hacía sentir como una niñera sin metas en la vida y luego de varios meses volvió a encontrarse con el desconocido, fueron a Rico Club, cada quien por su lado pero sabiendo que esa noche sus cuerpos volverían a estar juntos una vez más. 

Fotografía: Rafa Vázquez

Es en esas calles de la ciudad donde miles de cosas pueden pasar, donde todas las clases sociales se mezclan, se siente la diversión en cada esquina y cada bar. Fue ahí, esa noche, en ese antro de la ciudad, dónde Karen encontró el amor de verdad… Dice.

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